Tengo un hobby, una afición, a cada persona que conozco le pregunto su definición del amor. Todas las definiciones suenan parecidas, pero todas son diferentes, porque para cada uno el amor es algo diferente. Un milagro, una bendición, química, piel, encuentro, algo mágico, son las definiciones que más suenan. Llegué a la conclusión de que algo que tiene tantas definiciones no puede tener una sola. Ya no pregunto ‘¿Qué es el amor?’. Ahora pregunto ‘¿Qué es el amor para ti?’. Puedes no tener dinero, trabajo, casa. Puedes no tener nada y ser feliz. Pero nadie puede ser feliz sin amor. Entonces ¿Qué es el amor?. ¿Hay formas de amar o se ama como se puede? No existe una forma de amar, existe tu forma de amar. Tienes que conocerla y aceptarla. ¿Amamos de la misma forma en que fuimos amados? ¿El amor es eso que tuvimos o no desde niños? ¿Esperamos que el amor tenga algo para darnos, pero el amor no se trata de tener algo para dar? ¿Qué puede dar alguien que está vacío? Para mí no existe el amor sin el odio. Si odiamos es porque amamos. ¿Cómo puede ser que amemos y odiemos a la vez? ¿Existe el amor sin odio? ¿Existe el odio sin amor? Amar es necesitar, depender, extrañar. Amar es que te falte algo, ser débil. Amar es aceptar que estamos incompletos. Amor y odio, esa es la dinámica del amor. El amor corre los límites, se entrelaza con el odio. En nombre del amor justificamos cualquier cosa, y aceptamos cualquier cosa.
Hay momentos en los que el tiempo parece detenerse. Todo ocurre en pocos segundos, pero para ti es una eternidad. El tiempo se vuelve espeso, tenso. Un observador externo verá que todo ocurre rápidamente, pero para el que lo está viviendo desaparece la noción del tiempo. Todo depende del punto de vista. Todo depende del observador. En esos momentos comprendemos que nada es absoluto y que todo es relativo ¿o no? ¿Cómo se puede estar absolutamente seguro de algo si todo el tiempo hay cosas que relativizan todo? ¿Uno deja de ser bueno cuando hace algo malo? ¿Existe el malo absoluto, el bueno absoluto? Cuando crees una verdad absoluta no hay lugar para las contradicciones. Si todo es relativo no hay nada malo, no hay nada bueno, no hay nada feo, no hay nada hermoso. No es cierto que todo es relativo, hay cosas que son absolutas. Esas cosas son las que le dan sentido a nuestra vida. La vida es un laberinto de cosas relativas. Y cada tanto nos encontramos con algo absoluto.
¿Algunos pensaron que pasa cuando viajamos en un avión? Nos sientan, nos ponen el cinturón de seguridad, nos dan de comer, nos ponen una película, apagan las lucen y nos hacen dormir. Cuando estamos en un avión nos tratan como a bebés. ¿Y por qué hacen eso? Ustedes piensen que somos conscientes, trescientas personas que viajan en un tubo de aluminio a diez mil metros de altura. Todos ponemos nuestra vida en manos de una sola persona: el piloto. Somos bebés que dependemos de un adulto que nos proteja. Un bebé depende por completo de los adultos, y su único modo de expresarse es el llanto. Cuando viajamos en un avión somos como bebés que dependemos del piloto, y no podemos hacer nada, nada durante el vuelo. Solo dependemos de él y lo que hagan para entretenernos o distraernos. ¿Entonces que hacen? Nos venden perfumes, nos ponen películas o nos cantan canciones de cuna. Es una cuestión de roles, y a cada uno le toca lo suyo. El bebé llora, y el adulto debe ocuparse de él. El bebé debe ser bebé. Y el adulto, adulto. Eso no es algo que se enseña, eso se siente. Pero nosotros no somos bebés, ni tampoco estamos a diez mil metros de altura. No dependemos de nadie que nos cuide, que nos alimente o que nos cante canciones de cuna. Eso sí, podemos elegir ser bebés y seguir llorando, o ser adultos responsables. Todos podemos ser pilotos de nuestra propia vida, o ser adultos.