Cuando miras un partido de fútbol miras la tribuna y te das cuenta cual es la hinchada de cada equipo por la bandera. La bandera, los colores, eso te dice de qué equipo eres. Pero a veces se complica saber quien juega para los buenos y quienes juegan para los malos. A veces alguien usa tus colores, parece de tu equipo, pero juega en contra. A veces cuesta saber quién es quién, si el que ataca ataca o defiende, si el que te cuida te persigue. Por eso son importantes las banderas, porque muestran claramente para que equipo juegas. La bandera te marca por qué luchas, quienes son los malos, quienes son los buenos. No hay peor traición que venderte, cambiarte de camiseta, escupir tu bandera, porque si pierdes tu bandera pierdes tu muerte. Puedes ser de un equipo o del otro, pero eso sí, tienes que defender tu bandera. Tu bandera es todo para ti, es tu identidad. Sin bandera no tienes lugar. Sin bandera no sabes por qué luchar. Sin bandera estás derrotado.
Para mí todo funciona por la confianza. La gente sigue las indicaciones de un médico, porque confía en la ciencia y en ese médico. La gente vive y duerme tranquila en su casa, porque confía en el arquitecto que la hizo. La gente se sube a un avión, porque confía en los ingenieros que lo hicieron y en el piloto que lo maneja. Cualquier proyecto de dos o más personas se basa en la confianza que tenemos en los demás. El amor se basa en la confianza. Todo es una cuestión de confianza. Todos somos desconfiados, por naturaleza, es nuestra manera de protegernos. Hay que ser suave para ganarte la confianza de alguien, suave y paciente. La confianza se hace de a dos. Es tan difícil construir la confianza, y es tan fácil perderla.
Para encontrar un nuevo camino hay que salirse de la huella y dejar el caminito seguro por el que andamos siempre, y animarse a lo nuevo, al peligro de lo nuevo. Un camino nuevo tiene sobre todo dudas, miedos, preguntas. Un camino nuevo solo nos dice que nos llevará a un lugar nuevo, mejor o peor, pero eso no lo sabemos. Un camino nuevo te puede llevar hacia un tesoro o hacia un abismo, nunca se sabe. Atrae el tesoro y da miedo el abismo. ¿Qué vas a hacer? ¿Te animarás? Uno cree que llega a nuevos caminos pero la realidad es que los caminos nuevos llegan a ti. Si quieres que pase algo distinto tenes que hacer algo distinto. Si quieres llegar a un lugar nuevo tienes que tomar un camino nuevo. Avanzar sin saber a dónde llegaremos, eso es lo que asusta y atrae de los nuevos caminos.
Bueno, no sé cuántos me estarán leyendo esto. Este es el momento de organizarse, de unirse y de pasar a la acción, llegó el momento de derribar el muro y volver a casa. Tenemos el deber de resistir y defender la vida. Hay que dejar de esconderse y salir de la trinchera y luchar. Hay que despertarse, animarse, resistir. El tiempo es ahora, ya. Derribemos el muro y volvamos a casa. ¿Y que es una casa? Una casa es donde acontece toda la vida familiar, desde los nacimientos hasta las muertes de sus integrantes. ¿Las casas son esas paredes, esos techos, esos pisos? ¿O una casa es la vida de sus integrantes? Nuestra casa, esa que nos marcó, va con nosotros a donde vayamos, y siempre, por más lejos que estemos de casa, habrá algo, alguien, un detalle que nos haga volver otra vez a casa. En el inicio de este viaje que llamamos vida de lo que se trata en todo momento es de volver a casa. A veces, cuando hace mucho nos fuimos de casa, da miedo volver, da miedo no encontrarla tal cual la dejamos. Ahí donde están los que amamos, esa es nuestra casa. Ahí donde hay amor, esa es nuestra casa. Donde hay esperanza, ahí está tu casa. Ahí donde alguien resiste está nuestra casa. El amor, la esperanza, los seres queridos, todos son nuestros. Ellos son nuestra casa. Porque nuestra casa es nuestra, por eso debemos volver a casa.